El dolor de un niño

frases de la vidaFrases de la vida de mi hijo Mayor:

El pasado es pasado y ha pasado, algunos recuerdos son tristes o malos pero este es el presente y hay que vivirlo

Hace unos días mi hijo mayor me dejó de piedra con esta frase. Veníamos en el coche charlando y me la soltó. La verdad, después de conseguir cerrar la boca abierta de la sorpresa, conseguí a duras penas contenerme y no decirle “pero qué recuerdos malos o tristes tendrás tú” y menospreciar sus sentimientos -y de paso una gran lección de vida que parece que ya está empezando a aprender…-. Por suerte, logré contenerme y le pregunté por esos recuerdos malos. Su respuesta fue que no los quiere recordar (ya seguiré investigando, no vaya a ser que tenga por ahí algo que le reconcome y le pueda ayudar…).

Pero seguí dándole vueltas al tema: aunque de entrada pueda pensar que cómo va a tener recuerdos tristes o malos un niño de 8 años… me reconduzco a mí misma y me pongo en su lugar: claro que puede tenerlos, ¡y los tiene!

Algunos serán “a su medida”: un juguete perdido o roto, una pelea con su hermano, un castigo mío que le haya molestado, un grito mal dado, una mala nota o pasar un mal día. Pero otros serán iguales que los míos, en su pequeña vida: el divorcio de sus padres, la muerte de un ser querido.

¿Por qué los adultos nos creemos en posesión del derecho de sufrir, y a los niños no se lo reconocemos? Sufren a su medida y a su modo, pero claro que sufren, que están tristes, que tienen malos recuerdos, que les duele el corazón. Incluso más que a nosotros, porque no tienen todos los convencionalismos con los que hemos aprendido a lidiar los adultos, como que no se llora porque te hayan pegado un grito, o no te entristeces por haber perdido algo importante porque no es una reacción madura.

Ellos viven y sienten con más autenticidad las cosas, tanto las buenas como las malas, por eso para ellos puede ser un drama un juguete roto (el que montaría yo si se me rompiera el móvil…), igual que es una fiesta que le dé una chuche al salir del colegio.

Más que menospreciar sus recuerdos tristes o malos, debería aprender de ellos, de su inocencia, de su ausencia de máscaras, y aprovechar para que sepan que tienen derecho a sentirse tristes, que yo les escucho y que estaré aquí para ayudarles cuando pueda. Y que muchas veces no hay ayuda, solamente queda pasar el mal rato y recuperarse. Como dice muy sabiamente mi hijo a sus 8 años… eso es pasado, éste es el presente y ¡hay que vivirlo!