El fin del verano

elfindelveranofoto de @juancarlos_foto

El verano ha acabado. Hace semanas que se han ido las multitudes de turistas de vacaciones, pero durante estos días siguen llegando visitantes a destiempo, con otro ritmo. Parejas que vienen huyendo de las aglomeraciones y del ruido, que sacrifican el calor por la calma. Alguna familia con niños –pocas- , a las que no les importa que se pierdan los primeros días de clase a cambio de disfrutar sin prisas.
Gente mayor. Hombres y mujeres que viajan solos. Los afortunados que pueden escaparse una vez comenzado el curso (escolar o laboral), o los que ya no se miden por ese calendario.

Entonces es cuando más disfruta las tardes en el café. Abre los parasoles y cuelga pañuelos de colores. Colores que vibran y brillan con los rayos filtrados del sol. La brisa de septiembre los mece. El aroma inunda la terraza, cada mañana les echa unas gotas de esencia, diferente cada día: hoy, lavanda; mañana, espliego; ayer, naranjas…

En las primeras horas de la tarde está casi sola en el café, los pocos turistas que quedan aprovechan el calor para bañarse y dorarse. Pero cuando la tarde empieza a caer, se va llenando la terraza. Le gusta observarlos, entre los paseos atendiendo las mesas.

Ayer, en la mesa bajo el pañuelo naranja, había una pareja mayor, diría que recién jubilados porque ya se les notaba que no exprimían el tiempo de inactividad, sino que simplemente lo vivían al pasar. Se sentaron muy juntos y rozaban sus manos sobre la mesa. Hablaban poco. Ella le miraba con ternura. Él le tocaba el pelo. Imaginó que esos mimos se debían a un periodo de reencuentro después de haber conseguido sobrevivir a los años y la rutina.

Hace unos días, en la mesa con las mejores vistas al mar (pañuelos azul y morado, olor a lavanda) tres mujeres aceleradas y exultantes no paraban de reír y gesticular, casi como adolescentes, y eso que ya rondaban los cuarenta… Se imagina que son amigas que –al fin, tras años posponiéndolo- se han animado a una escapada de chicas. Sin parejas. Sin hijos. Se les nota la falta de costumbre en que se les van los ojos detrás de los niños de la mesa de al lado (no por echar de menos a los suyos, sino apiadándose de la madre que no consigue tomarse su helado sin repartir con sus hijos). Son ruidosas y detrás de las gafas de sol adivina ojeras: la noche anterior salieron a bailar y casi no han dormido.

Hoy ya apenas queda nadie.

El otoño ha llegado y, aunque el sol aún sigue brillando con fuerza, el pueblo va quedando vacío y tranquilo, como la cafetería y la playa.

En unos días acabará la temporada y hará su maleta para volver a la ciudad, donde volverá a su vida de invierno (atender cafés y chocolates calientes, abrigos y bufandas apretadas de los valientes que se atreven a quedarse en la terraza, disfrutando el débil sol de invierno), observando a la gente, y soñando con la próxima temporada, cuando de nuevo haga el viaje de vuelta, prepare los frascos de esencias, los pañuelos de colores, las sombrillas, y le dé la bienvenida al sol, al calor y al vibrante brillo de color en la terraza de la cafetería, frente a la playa.

 

Nueva colaboración con @juancarlos_foto… me encantan sus fotos… #tudisparasyoescribo