En pie

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A veces se enfada.

Se enfada con todo y con el mundo. Porque no lo entiende. Porque se sorprende cuando espera algo, está convencida de que funciona así, y resulta que no. No es que se crea en posesión de la verdad… es más bien que confía y espera la bondad. Cuando la bondad no llega, cuando a cambio obtiene una bofetada, se enfada.

Y además es un enfado pueril… es sólo pataleo, piensa fatal, le salen sapos y culebras por la boca y al rato se le pasa. Si no lo cuenta se le envenena dentro. Pero sabe si lo cuenta contagia a quien escucha. Debería callarse…

Ella es así. Lo que tiene dentro le presiona si no sale. Con los años se está acostumbrando… pero se le hace cuesta arriba.

 

(por eso también escribe, como un antídoto contra la presión)

 

A veces no sabe para qué hace las cosas. Cuál es el objetivo. Cómo llegar al final del camino, o si hay camino acaso. Va improvisando y se sorprende de seguir andando, de tirar del carro que lleva colgado al cuello. Sigue tirando y avanza, a veces parece que sin problemas, otras veces va cuesta arriba y siente que las piernas no darán más de sí.

Se viene abajo, flaquea. A veces cae de rodillas, las manos en el polvo, intenta respirar profundo. Le cuesta que el aire le llene los pulmones. Aprieta muy fuerte los ojos y los labios para resistir las lágrimas. Nadie puede verlas. Ella es fuerte. Ella es de hierro. No es verdad pero tiene la absurda idea de hacerlo creer, para que nadie se tenga que preocupar, para ser la supermujer que puede con todo. Pero a veces no puede. A veces cuando cae la noche y se hace el silencio y se encuentra consigo misma, sin obligaciones que la distraigan, se tiene que reconocer que no puede. Que la carga es muy pesada. Que está cansada. Que necesita parar. Entonces a veces, sólo a veces, deja salir las lágrimas. Cuando nadie mira. Cuando está sola. Cuando nunca se sabrá. A veces se duerme así, con ese sabor salado en la boca.

 

Algo especial sí debe tener porque cuando se despierta no lo piensa, se levanta y sigue adelante. Con todas las cargas. Y siempre puede. Siempre sigue. Frente al viento. Hasta ahora no ha llegado el momento que no sea capaz.

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Hay quien dice que un buen día revientas. Y entonces estalla todo por los aires. Te rompes. Ella no lo sabe… se resiste a creerlo porque sigue ahí. Un día tras otro. En pie. Se ha roto todo más de una vez, pero ella sigue en pie.

 

En peores se ha visto y seguía en pie… no será ahora cuando se rompa.

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