Rosas marchitas

La foto no es exactamente “bonita”… pero son de estas imágenes que no puedo evitar pararme y dedicar un minuto a hacerle la foto, por la curiosidad y por la historia que imagino… ¿No os pasa? Algunas veces puedo ver la historia detrás de la imagen… y para mí esa es parte de la magia de la fotografía…

“Anoche discutieron, Alicia y Jorge. Alicia salió llorando del coche aparcado a la puerta de su casa. Jorge estaba tan enfadado que la dejó ir, no corrió detrás -como ella necesitaba-. Él piensa que si ella se va es porque no quiere estar con él. Alicia se aleja porque le duele estar ahí, pero le duele tanto o más la distancia entre ellos. No sabe con certeza qué desencadenó la discusión. Lo que es seguro es que fueron enganchando unos temas con otros e hicieron un hiriente repaso de todas las cosas en las que no ven la vida igual, magnificándolas hasta el infinito (en realidad la mayoría son simples ideas, posibilidades que quizá nunca se hagan reales). Desde fuera cualquiera vería lo absurdo de discutir por cosas que no les tocan, que no les afectan, que quizá jamás sucedan. Desde dentro cada uno ve su realidad, ofuscados por la frustración y el enfado, y no son capaces de parar. Al principio de la noche él le regaló unas flores porque Alicia aprobó en septiembre su asignatura más difícil de la carrera. Ella iba feliz con rosas en una mano y su novio en la otra, libre por fin de estudiar y robar tiempo a los planes juntos. Y terminar así… el mejor día de todos… Alicia salió del coche dolida, sólo podía alejarse y a la vez desear que él fuera por ella. No subió a casa. Se quedó sentada en el portal esperando sin esperar… ni siquiera sabía qué quería. Jorge -atónito- se fue, dolido por su rechazo. Arrancó el coche y pasó un rato vagando por las calles sin saber qué hacer hasta que al final se fue a su casa. Alicia no se dio cuenta al salir corriendo del coche de que sus preciadas rosas quedaron tiradas en el bordillo, donde yo las encuentro ahora…” .

(Para románticos y optimistas como yo: no os preocupéis, por la mañana se mandaron wasaps y al rato Jorge estaba de nuevo en la puerta de su casa para calmarla con un abrazo …)

Tú disparas y yo escribo

Foto de @alboheza

《Hace años fue joven. Hace muchos años. Paseaba de chaval por el muelle y veía los barcos, en verano. Soñaba con viajar… pero se quedaba en puerto. Volvía a casa a sus estudios, a su vida normal de interior. Cada verano miraba los barcos y soñaba.
La vida pasó. Dejó de ser joven. Siguió el caminito trazado. Se arrepiente de algunas cosas -de la mayoría no-. Ya ni siquiera es maduro… ya hace años que es viejo. Ya vivió su vida y cumplió sus sueños -algunos-. Ya desistió de los que le quedaban por cumplir. Pero ahora han vuelto. Ha vuelto al muelle. Elige un barco con el que soñó hace años, uno azul de pesca. Con cadenas comidas por el óxido (como él se siente por dentro). Zarpará y pasará semanas fuera, faenando. Ese barco es como él. Alguna vez fue joven, hace años. Ahora ya ni es maduro, ya es un anciano. Igual que él. Ya está todo arreglado. Sus nietos dicen que es la locura de un viejo. Tal vez sí que lo es. Pero será su locura, un sueño más cumplido. Porque… ¿quién dice que no se pueden seguir soñando cuando ya no se es joven?》

Humo

Escribí en un papel todos mis miedos y lo quemé. Lo vi prender, arder en llamas rojas y vivas. Deshacerse en humo.
Me quedé observando hasta que se apagaron las ascuas y no quedaba rastro del fuego. Hasta que quedaron cenizas grises y frías. Cenizas que se deshacen al tocarlas, convirtiéndose en polvo.
Sé que volverá -el miedo- pero no será más mi dueño.

Velo tus sueños

Duermes.
Puedo ver los sueños colgarse de tus pestañas. Juegan columpiándose en ellas. Saltan, las usan de escala para bajar a tus mejillas. Tus sueños se pasean por la suave piel de tu rostro, se tiran por el tobogán de tu nariz, te cosquillean los labios. Se ponen frente a tu boca y se dejan despeinar por tu aliento. Brillan entre tus pestañas como gotitas perladas de rocío.
Yo te observo. Velo tu sueños y los animo a dejarte volar.
Hijo mío: duerme, sueña, vuela, vive y juega cuanto quieras. Mamá te vela.