Tú disparas y yo escribo

Foto de @alboheza

《Hace años fue joven. Hace muchos años. Paseaba de chaval por el muelle y veía los barcos, en verano. Soñaba con viajar… pero se quedaba en puerto. Volvía a casa a sus estudios, a su vida normal de interior. Cada verano miraba los barcos y soñaba.
La vida pasó. Dejó de ser joven. Siguió el caminito trazado. Se arrepiente de algunas cosas -de la mayoría no-. Ya ni siquiera es maduro… ya hace años que es viejo. Ya vivió su vida y cumplió sus sueños -algunos-. Ya desistió de los que le quedaban por cumplir. Pero ahora han vuelto. Ha vuelto al muelle. Elige un barco con el que soñó hace años, uno azul de pesca. Con cadenas comidas por el óxido (como él se siente por dentro). Zarpará y pasará semanas fuera, faenando. Ese barco es como él. Alguna vez fue joven, hace años. Ahora ya ni es maduro, ya es un anciano. Igual que él. Ya está todo arreglado. Sus nietos dicen que es la locura de un viejo. Tal vez sí que lo es. Pero será su locura, un sueño más cumplido. Porque… ¿quién dice que no se pueden seguir soñando cuando ya no se es joven?》

Humo

Escribí en un papel todos mis miedos y lo quemé. Lo vi prender, arder en llamas rojas y vivas. Deshacerse en humo.
Me quedé observando hasta que se apagaron las ascuas y no quedaba rastro del fuego. Hasta que quedaron cenizas grises y frías. Cenizas que se deshacen al tocarlas, convirtiéndose en polvo.
Sé que volverá -el miedo- pero no será más mi dueño.

Velo tus sueños

Duermes.
Puedo ver los sueños colgarse de tus pestañas. Juegan columpiándose en ellas. Saltan, las usan de escala para bajar a tus mejillas. Tus sueños se pasean por la suave piel de tu rostro, se tiran por el tobogán de tu nariz, te cosquillean los labios. Se ponen frente a tu boca y se dejan despeinar por tu aliento. Brillan entre tus pestañas como gotitas perladas de rocío.
Yo te observo. Velo tu sueños y los animo a dejarte volar.
Hijo mío: duerme, sueña, vuela, vive y juega cuanto quieras. Mamá te vela.