Se acerca el invierno…

se acerca el invierno nieve

Se acerca el invierno… ¡y trae hambre de nieve!

Este fin de semana han empezado a aparecer fotos de nieve por IG… ¡sí! Me sorprendió pero en Pirineos y Picos de Europa las nevadas han empezado.

Pero no tan lejos… ayer cuando venía camino del trabajo, ya pude ver la Sierra de Guadarrama blanca. Lástima que hoy ya apenas se apreciaba, pero la temporada no ha hecho más que empezar y …

… se me está despertando el hambre de nieve…

Mi relación con la montaña ha sido siempre menos invernal, he pateado Pirineos en verano muchas veces, y Gredos también (Picos de Europa en mi asignatura pendiente). Pero Guadarrama, aquí al ladito, la pateo más en invierno y primavera. Será que en verano escapo a otras montañas.

Hace años que me estrené en invierno, con mis crampones, piolet y toda la equipación, pero después, estas cosas que pasan, me puse a tener niños y lo dejé bastante abandonado…

Desde que tengo “fines de semana libres”, estoy recuperando mis otras pasiones que había dejado de lado: entre ellas, la llamada sorda, profunda y serena de ella: la montaña.

Llevo varios inviernos haciendo alguna ruta, y quiero compartir contigo mis aventuras.

Después de varios años de retiro… me re-estrené en una rutilla que sale desde el muro lateral del Palacio de San Ildefonso, en La Granja. Sencilla y preciosa, la subida a El Chozo de Aranguez. Con un montón de amigos, bota de vino y muchas, muuuuchas risas (para no faltar a la verdad, no llegamos a destino por una torcedura de uno del grupo). Mi perro disfrutó el que más, aunque alguna subidita complicada tuvo, porque la nieve estaba blanda y al pobre se le hundían las patas. Aparte de eso, FELIZ

#perrofelizdueñafeliz

pastor alemanperrofelizdueñafeliz

En el mismo invierno cayeron la subida a Cabezas de Hierro desde Cotos, y el intento a Montón de Trigo.

La ruta de Cabezas de Hierro, desempolvando crampones y piolet, que llevaba años sin ponérmelos. Y primera vez de mi Hombre, que aunque también es un andarín, no los había usado nunca. Rudimentos básicos de uso (refresco necesario también para mí) de un amigo friki de la montaña (el Guía, cómo mola tener amigos de estos que te achuchan para ir a la montaña), y ¡para arriba! Esta vez sin perro, y menos mal porque hubo un repecho donde nos cruzamos con otros montañeros con perro, y el pobre lo estaba pasando fatal con el hielo. Moraleja: cuando llevo crampones, ¡no llevo al perro!

Cabezas de Hierro

ventisca

 

Unas semanas después, subida a Montón de Trigo… o casi, porque el tiempo se nos puso en contra, ventisca de las buenas, que casi no se podía andar, y tuvimos que volvernos antes de subir al pico. En la única foto que tengo del día (ni ganas daban de sacar las manos para hacer fotos), estamos escondidos debajo de capas de ropa, casi sin ver del viento, y con mi perro alrededor (ese día sí vino porque no teníamos previsto hielo… y no lo hubo, pero sufrió casi tanto como nosotros por la ventisca). Vuelta para atrás, y pico a la lista de pendientes.

 

 

Y la nieve se derritió… ¡y el invierno se fue! Y tuve que esperar otro ciclo completo para volver, oh sí, a mi querida Peñalara. Había subido 3 veces (casi 10 años antes) con nieve y sin ella, ¡y ya era hora de volver!

Esta vez no convencimos a mucha gente, mi Hombre decidió que estaba bien acompañada por el Guía y que él se quedaba esperando calentito en casa, así allá que me fui, con madrugón monumental  (nota importante: si llegas después de las 8 de la mañana a Cotos ya no hay quien aparque, por todos los esquiadores que suben cada fin de semana). Levantarse un sábado a las 5 y media debería estar prohibido… pero la verdad es que ¡merece la pena!  A las 6 de la mañana me esperaba mi amigo-sherpa 🙂 y rumbo a la montaña.

Empezamos a andar cuando aún no había amanecido, el sol asomó por encima de las montañas a las 8 (aunque antes ya había claridad), y ver el amanecer nevado… guau, no tengo palabras. Normalmente veo amanecer a diario (o podría, si mirara por la ventana mientras me arreglo antes de salir a trabajar). Pero esto es otro nivel. El silencio. La brisa. El brillo de la nieve. Los rayos que se cuelan entre las ramas de los árboles.

ESPECTACULAR

amanece

Seguimos subiendo por Dos Hermanas, cruzándonos con gente con raquetas (se me despertó el gusanillo… a ver si este invierno cae), y parando a alucinar (la palabra es esa, admirar se queda corta) con el paisaje, el aire, la fuerza del lugar.

Dos Hermanas

Y por fín, ahí estaba esperándonos, el punto geodésico del pico de Peñalara (2.429m, foto obligada 🙂 ). Comer algo, un café caliente en termo (a mi Guía no se le pasa ni una), reponer fuerzas, de nuevo quedarse sin habla ante la inmensidad de la montaña nevada. Con vistas impresionantes en un día de sol. A un lado, Castilla y León, al otro Madrid.

Pico de Peñalara

Llegados este punto Guía propuso volver por donde habíamos venido… ¡ay! ¡que no conocía mi faceta aventurera! En un día espectacular, sin viento, y yendo bien de tiempo, SIIIIIII, el Risco de los Claveles no se me iba a resistir (¡al fin! las veces anteriores no llegué a hacer la bajada por ahí). Para su sorpresa, quise seguir, y allá que fuimos. Nos colocamos los crampones, agarramos el piolet, ¡y listos!

Al frente, el Risco de los Claveles. A mi espalda, el pico de Peñalara que dejamos atrás.

Yo no hacía más que repetir que me encantaba, que sentía mucho ser perezosa y no darme más madrugones para disfrutar la montaña. Creo que tenía adrenalina y dopamina corriendo desbocadas por las venas, ¡qué subidón!

Seguimos por los Pájaros, bordeando hasta la Laguna de los Pájaros, para seguir ruta viendo desde abajo el camino que acabábamos de hacer. Hasta la Laguna de Peñalara, que está ahí al fondo aunque no se aprecie por estar helada y cubierta de nieve.

Laguna Peñalara

Bajadita al sol (quita capas, pon capas). Y a mediodía de vuelta en Madrid, para comer con nuestras mitades y más amigos. Un buen plato de carne para reponer fuerzas 🙂

Y después, una buena siesta para compensar.

Un día perfecto.

¡También ha habido nieve con niños! Aunque son paseos sencillos y muuuuucho trineo, pero eso ya te lo contaré otro día.

 

¿Qué te emociona de la montaña? ¿Alguna recomendación de rutas con nieve? ¡Cuéntame!

crampones piolet