Sentada frente a mí

sentada frente a mi01Estoy sentada frente a una mujer. Nos miramos con intensidad. Lleva tiempo observándome desde la distancia, haciéndose notar. No le he hecho mucho caso. Pero al fin aquí la tengo, sentada frente a mí. Me quiere contar su historia. Me deja ver en su interior… 

Es una niña inquieta, que corre, salta y escala lo que se le ponga por delante. Que devora cuentos -y libros para mayores-.

Es una chica que escribe historias, montones de relatos en hojas de papel, en cuadernos, sentada en la fila de atrás de la clase de filosofía, que pasa a sus compañeros para que las lean, que intercambia historias con otros escritores novatos como ella.

Es una muchacha que expresa su amor en largas cartas manuscritas, que abre su corazón y sus ilusiones al papel y a los ojos del joven que lee…

Es una joven que usa la escritura para ordenar sus pensamientos, sus miedos y sus tristezas cuando las cosas no van bien, pero que no salen de una carpeta amarilla, nunca leídos más que por ella misma.

Es una mujer que escribiendo vuelca su corazón de nuevo frente a un hombre, que se recuerda, se analiza y se conoce frente a él.

Esa mujer me cuenta que ha pasado los últimos veinte años de su vida construyendo su vida esperada… destruyéndola… y volviéndola a levantar. Me dice que ahora se siente la dueña de su historia. Que quiere volver a escribir, pero esta vez diferente porque quiere exponerlo. No quiere escribir más cartas y cuadernos que nadie lee -que también lo hará-, sino escribir para ser leída, o más bien… escribir para sacar al exterior lo que lleva dentro, y compartirlo con quien lo quiera leer.

Estoy sentada frente a un espejo y esa mujer soy yo. Mi reflejo en el cristal me pide que escriba, que exprese, que airee lo que está en su mente -en la mía-.

Así que seré su voz, sus dedos sobre el teclado y sus letras en la pantalla.