Pequeña tristeza

Siempre he rehuido a la tristeza. No sé si por mi naturaleza optimista, me cuesta entenderla y mucho más verme reconocida en ella. Llevo toda la vida echándola a un lado y evitando mirarla, escondiéndola debajo de la alfombra -con las pelusas- y siguiendo adelante con mi vida happy…

A mi madurez, me sorprendo aprendiendo a reconocerla. No es una tristeza grande, ni profunda, quizá la palabra ni siquiera sea tristeza… pero es ese sentimiento… sabes cuál, ¿verdad?

Soy de ver las cosas de golpe, como una iluminación, y hace un tiempo la ví: saludé a mi pequeña tristeza como algo natural, incluso como una oportunidad para pararme, pensar, aprender, conocerme y ser más consciente.

La dejé pasar, sentarse a mi lado y estar, en lugar de escaparme de ella en una huida hacia adelante. Confiando en que sin resistirla, poco a poco se iría… o se haría más cómoda, una presencia conocida. Y así ha sucedido.

Mirarla a la cara me ha ayudado a ver esas cosas que me incomodan, que me afectan, que me angustian o con las que no soy feliz. Verlas me abre la posibilidad de aceptarlas o hacer algo con ellas. Hasta ahora simplemente las pasaba de largo…

Poco a poco, esa pequeña tristeza, que algunos días era más angustia y frustración, se ha alejado de mí, dejándome consciente y más tranquila. Y con ganas de mejorar las cosas -y a mí misma-.